18 de noviembre de 2008

Lobo



" ... pero llegabas vos, toda cargada de luz, y entonces el sueño se evaporaba."


Soñé que el Lobo Muerte, el Lobo Entropía, me llevaba a su jauría
en una noche polar o ártica, en lo más helado de un bosque nórdico,
empapado o bañado o pintado por la Nieve. Y me decía: Esto es todo,
y es mejor que te acostumbres. No habrá más, no lo hubo nunca. El tiempo,
todo, soy yo, puedes creerme.

No habrá más, no lo hubo nunca. Ninguna otra cosa más que una jauría de lobos hambrientos,
o un único lobo, flaco, en los huesos y desorientado, famélico, solo,
corriendo por un bosque helado, entre la nieve y la niebla, aullándole a la luna,
corriendo hacia la nada, hacia el final del bosque,
hasta una grieta o una garganta en la montaña
de donde un viento de sombras o una sombra del viento en forma de corriente
se filtra, se escapa, lo chupa todo.
Y el Lobo Muerte, el Lobo Entropía, me dijo: Puedes acariciarme el lomo, la frente,
la base de la quijada. No habrá más, no lo hubo nunca.

Y a un grito o un aullido del Lobo, toda la jauría se echaba a correr como posesa,
como incendiándose, como si su pelaje fuera el combustible limitado que debían consumir
con urgencia, con violencia, con premura, con locura, entre gañidos y alucinaciones,
antes, mucho antes que acabara la noche.
Todos se perdían, nos perdíamos entre los montes y los árboles, entre agujas de pinos
y ecos infinitamente lejanos que rebotaban y se amortiguaban sobre/contra/bajo
la Nieve.

Y yo estaba solo en medio del bosque, y el frío se me clavaba como agujas en los nervios,
el frío se me metía como cuchillos a través del pelaje y me mordía los huesos
y los ojos se me helaban y cristales se formaban en mi boca y la oscuridad crecía
y era imposible distinguir nada salvo la sombra, el viento de las sombras,
la sombra del viento, pululando, filtrándose, viniendo desde aquella grieta, o cañón,
o quebrada, o cueva. Corriendo, aullando, tragándoselo todo.
Yo sólo estaba en ese lugar. Solo, perdido, con hambre, con frío; a punto de desaparecer.
Pero llegabas vos, toda cargada de luz, y entonces el sueño se evaporaba.
Y nos íbamos al sol, al mar, cada quien con su sombrero.
Nos íbamos a desayunar a la playa.
Y vos cantabas.
Y yo no paraba de llorar.
Te llenaba de besos.







2 comentarios:

  1. Y... sí. Ya lo dijo un Calderón que no vivía en Villa Luro.

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  2. El de La Barca?

    Desconocía.


    A mi me lo contó Sísifo.

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